Humberto Acevedo Cortez.
Dos acontecimientos llamaron fuertemente mi atención por Gil Evans. El primero fue cuando curioseando el periódico El PAÍS de España, una edición impresa del 23 de marzo de 1988 propiedad de Galo Gómez Ogalde, periodista y escritor chileno que una década después moriría en manera trágica en su tierra natal, leí la noticia de un arreglista y compositor de Jazz estadounidense-canadiense que había muerto de peritonitis en la ciudad de Cuernavaca a los 75 años. El otro acontecimiento importante fue que en la misma nota aparecía el dato de que Evans había grabado un disco con canciones de Jimy Hendrix y con arreglos para Jazz titulado: Gil Evans Orchestra Plays the Music of Jimi Hendrix de 1974. En ese entonces no había Youtube ni Spotify para escuchar de inmediato algo que a uno le interesara así que, como era la costumbre en ese entonces, había que contactar con algún amigo melómano, hacer la cita y cultivar paciencia. Como siempre, fui con mi amigo Rafael Menjivar Ochoa(†), escritor y periodista salvadoreño, que tenía en su discoteca lo inimaginable.
El segundo acontecimiento y el definitivo, fue cuando tuve en mis manos el acetato de Gil Evans y escuché las clásicas composiciones de Electric Ladyland jazzeadas. Este álbum está considerado el más experimental de Hendrix hay rock, blues, psicodelia y algunos afirman que es el germen del rock progresivo. Una de las canciones del álbum: “Voodoo Child (Slight Return)”, es un monumental blues al más puro estilo hendrixiano, una sensacional obra guitarrística y yo pienso que es una de las mejores obras de Hendrix, un repaso que hizo por su vida, la cual, en sus escasos cinco minutos de duración, resume toda la vitalidad desbordante, el genio y la sensibilidad que lo poseía. La letra contiene una frase que anuncia su destino fatal: “Si no te vuelvo a encontrar en este mundo / Te encontraré en el siguiente y no será demasiado tarde”. Cuando falleció, Hendrix, estaba investigando nuevos sonidos que no sabremos nunca a dónde lo habrían llevado, seguramente a hacer otra hazaña musical, una vez más.

El tributo que le hizo Evans a Jimi Hendrix es sin duda es el más auténtico y genuino. Fue divertido sentir los sonidos de la tuba imitando la guitarra de Hendrix, acompañada de una sección de vientos y metales aunque también fue algo inesperado, porque la tuba es un instrumento de sonido potente pero poco ágil, es un registro grave y la guitarra de Hendrix es endemoniadamente rápida y vehemente. Me gustó la versión de Evans de “Voodoo Child (Slight Return)”, una canción donde Hendrix improvisa guitarra y voz de manera extraordinaria con el apoyo del genial Noel Redding en el bajo y del gran baterista Mitch Mitchell. Honor al virtuosismo de Howard Johnson en la tuba, que hizo una interpretación con tal intensidad que las tonalidades y gamas de la tuba imitando la guitarra de Hendrix, estremece. Este disco lo hizo Evans como un homenaje póstumo y para recordar la gran amistad con Hendrix a quien Evans conoció a través de Miles Davis en el verano de 1967. Después Evans y Hendrix planearon hacer un LP con música instrumental, pero la muerte en 1970 del mejor guitarrista negro de rock de todos los tiempos frustró el proyecto.
Ian Gilmore Ernest Green, nació en Toronto, Canadá y nunca conoció a su padre porque murió antes de que naciera, así que se crió con su padrastro, un minero de la Columbia Británica y tomó de él su apellido, Evans, como pseudónimo artístico. Conocido como Gil Evans, fue reconocido por su trayectoria musical extraordinaria al darle un color especial a la orquestación con la tuba y el corno inglés, Stein Crease decía: «Gil tenía el don de escribir arreglos para que ocho instrumentos suenen como una banda de quince o dieciocho integrantes” En los inicios de su carrera fue integrante de la banda de Miles Davis en el disco Birth of the cool, al lado de Gerry Mulligan y John Lewis, y este disco marca uno de los momentos claves del cool jazz en los años cincuenta.
El arreglista, compositor, y líder de orquesta Gil Evans, (13 de mayo de 1912, Toronto, Canadá – 20 de marzo de 1988, Cuernavaca, México), es el músico que conjuró sonidos casi místicos en una incesante exploración de los campos de la composición y el arreglo orquestal con una paleta de sonidos que cruzaron su universo musical con tonalidades evanescente y flotantes hasta los ritmos eléctricos y desbordantes.

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