las imágenes y las ideas se asocian de acuerdo con la semejanza, la oposición y la antigüedad. La formulación de una ley de la asociación, según la cual, las imágenes y las ideas se asocian de acuerdo con la semejanza, la oposición y la antigüedad
Diana G. Aguiar, Luis Tizcareño.
Introducción
La asociación de ideas es un principio fundamental que explica cómo la mente vincula diferentes pensamientos, de modo que la presencia de uno evoca naturalmente la aparición de otros. De hecho, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano abordaron este tema, resaltando su conexión con la memoria. Aristóteles es considerado el precursor de este estudio al indicar que las imágenes e ideas se asocian bajo tres leyes principales: semejanza, oposición (contraste) y contigüidad (en el tiempo o el espacio). Semejanza es cuando la imaginación se desliza fácilmente de una idea a otra compartiendo rasgos similares. La oposición o contraste funciona porque los opuestos a menudo pertenecen a una misma categoría genérica; por ejemplo, el blanco puede evocar al negro y, además mantienen un vínculo con la memoria porque para Aristóteles el conocimiento comienza en los sentidos y la memoria es la facultad encargada de conservar las imágenes creadas por la imaginación. Sin estas imágenes, el entendimiento no podría abstraer conceptos universales.
En cuanto a Cicerón, la memoria es una de las cinco partes esenciales de la técnica del orador. Él destaca que el orden es el factor que más ayuda a la memoria. El método de los lugares o loci, se basa en la anécdota del poeta Simónides. Cicerón propone que para recordar hechos o conceptos, se deben elegir “lugares” mentales y colocar en ellos “imágenes” de lo que se desea recordar. La asociación aquí es espacial: el lugar actúa como el papel y la imagen como la escritura.
Quintiliano estudió el asunto de la memoria artificial, centró sus ideas en la construcción de lugares de la memoria artificial. Para él, era fundamental la visualización mental. Él sugiere imaginar un edificio extenso y colocar distintas imágenes en sus cuartos de manera ordenada. Al visitar mentalmente el edificio, el orador puede recuperar las imágenes y, por tanto, los conceptos custodiados en esos lugares.

En resumen, no hay leyes fijas sobre la asociación de ideas e imágenes con la memoria, sino la asociación como proceso espontáneo del pensamiento como herramienta dirigida a la asociación por semejanza u oposición. La memoria actúa como el almacén de esas imágenes. Mientras que en Aristóteles la asociación explica el flujo del pensamiento y el conocimiento, en Cicerón y Quintiliano es una técnica mnemotécnica donde la estructura y el orden permiten una recuperación voluntaria y eficiente de la información.
Ejemplo:
B “De oratere” de Cicerón “II,86-88) en este texto se considera que la memoria es una de las cinco partes que constituyen la técnica del orador. Después de hacer referencia al episodio del poeta Simónides (primum ferunt artem moriae proto protoli protolisse), quien había identificado los cuerpos de los asistentes a un banquete -cuyos rostros habían quedado desfigurados debido a la caída del techo-, recordando el lugar (locum) donde cada uno se encontraba, Cicerón subraya lo oportuno (con base en el presupuesto de que el orden ayuda a la memoria) de escoger los lugares, de formar las imágenes de los hechos o los conceptos que se desean recordar, de colocar esas imágenes en los lugares.
De Institutione oratoria de Quintiliano (XI, 2) se extiende sobre la construcción de los lugares de la memoria artificial: edificio colocar dos imágenes en distintos lugares dispuestos de manera ordenada al interior de los cuartos. “Al visitar mentalmente el edificio” es posible retomar las diferentes imágenes (y, por tanto, traer a la mente los hechos o conceptos que estas expresan de los diversos lugares de los cuales éstas habían quedado custodiadas
Paolo Rossi “ clavis universalis” el arte de la memoria y la lógica combinatorio de Lulio a Leibnitz.
Desarrollo del modo “mecánico”. Siglo XVI se encontró una forma de panmetodismo que marcó la cultura del siglo XVI. Todo fue codificado y reducido al arte (arts). Este periodo de la cultura fue llamado “la edad de los manuales” y ese siglo (fue incansable en la búsqueda de principio normativos de valor general y perenne que transformaba en cómodos esquemas “didaskálicos”.
Idea de arte de recordar y pensar mecánico., su desarrollo fue a la mitad del siglo XVI hasta el siglo XVII. Se establece contacto en tres diferentes tradiciones del arte de la memoria:
- la inspiradas en Cicerón, Quintiliano y en la Retórica ad Herennium.
- Las derivadas de De memoria et reminis centia de Aristóteles, de los comentarios de san Alberto, santo tomás y Averroes
- Aquellas directamente ligadas al ars magna de Lulio.

Conclusión
El método de los lugares o loci, tal como lo describe Cicerón en su obra De Oratore, se basa en la premisa fundamental de que el orden es lo que más ayuda a la memoria. A continuación, vemos los detalles clave de este método tomando en cuenta que el origen fue la anécdota de Simónides. Cicerón relata que el inventor de este arte fue el poeta Simónides. Tras un banquete donde el techo colapsó, los rostros de los asistentes quedaron desfigurados e irreconocibles. Simónides logró identificar cada cuerpo recordando con precisión el lugar (locum) exacto donde cada persona estaba sentada. De esta experiencia nació la idea de que la disposición espacial es una herramienta poderosa para el recuerdo y se desarrolla por a) Elección de lugares: El orador debe seleccionar mentalmente una serie de escenarios o “lugares” (como las habitaciones de una casa o partes de un edificio); b) Creación de imágenes: Se deben formar imágenes mentales de los hechos, conceptos o palabras que se desean recordar y c) Colocación: Estas imágenes se «depositan» o colocan dentro de los lugares elegidos. Por lo tanto, El proceso de recordar consiste en realizar una visita mental al escenario construido. Al recorrer ordenadamente los lugares, el orador puede ver las imágenes depositadas en ellos y, a través de esa asociación espacial, traer a la mente los conceptos o hechos que dichas imágenes representan.
Este método no sólo fue fundamental para Cicerón, sino que fue expandido por otros autores como Quintiliano, quien detalló la construcción de estos “lugares de memoria artificial”, utilizando edificios y cuartos dispuestos de manera ordenada. Esta tradición clásica formó la base de lo que más tarde se conoció como el arte de la memoria, influyendo en pensadores desde la Edad Media hasta el Renacimiento.
La llamada Ley de semejanza se relaciona profundamente con los procesos de asociación y memoria, funcionando como un puente natural que permite a la mente transitar entre contenidos que comparten rasgos comunes. Por ello, si se quiere detallar esta relación de conceptos se debe pensar en la semejanza como impulso natural de la imaginación. Según las fuentes, la semejanza es una de las tres leyes fundamentales de asociación (junto con la contigüidad y la oposición/contraste) señaladas originalmente por Aristóteles. Su función principal es permitir que la imaginación se deslice de una idea a otra, siempre y cuando ambas compartan similitudes. Por ejemplo, un cuadro o retrato conduce naturalmente el pensamiento hacia la persona original que representa. De hecho, algunos filósofos sostienen que el contraste puede reducirse a la semejanza, ya que para que un opuesto evoque a otro (como el blanco al negro), deben compartir una semejanza genérica (ambos pertenecen a la categoría del color). Y finalmente, es necesaria la asociación por relación, la unificación de datos, el sentido común que organiza las sensaciones, y la imaginación crea imágenes que la memoria conserva. Para recordar un concepto o hecho, el orador debe crear una imagen que tenga algún grado de similitud o representación con lo que desea recordar.
Luis Tizcareño, poeta y editor. Doctor en Letras con Mención honorífica. Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas y Maestría en Letras con Mención honorífica. Profesor en el Centro de Enseñanza para Extranjeros -CEPE- UNAM.
Diana G. Aguiar, narradora y directora de teatro. Estudió diplomados de teología en la Universidad Pontificia de México, estudió filosofía con el Dr. Juan Manuel Contreras Colín en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México -UACM-, desde hace varios años estudia griego antiguo con el Dr. José Luis Quezada Alameda, UNAM.

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