Por Luis Tzcareño.
O Drama em gente es la invención literaria que abre el camino hacia la pluralidad poética de Fernando Pessoa (1888-1935). Como autor de este inabarcable universo literario, parecería que nuestro poeta deseara susurrarnos al oído un delirante secreto: ‘Es el Drama entre heterónimos en el que cada uno es un ser real en sí, cada uno tiene existencia individual y, a la vez, somos un nosotros, seres deseantes de sentir y de saberlo todo sobre la realidad y la naturaleza de las cosas, deliberadamente somos el otro de nosotros mismos’. Estas palabras, sin duda alguna, representan un posible corolario, aun cuando no las haya escrito nuestro poeta Pessoa. No obstante, seguramente estaban en el silencio de su inevitable hastío o en lo íntimo de su gozosa soledad, en ambos casos, paralabras para ser escuchadas por todos, los otros, además de que en ellas evocamos el gusto de Pessoa por la paradoja y la ironía. Las he escrito así, porque en este breve discurso también podría resumirse su postura estética de la otredad que, como lo sabemos, es un tema recurrente en diversos textos suyos, tanto en prosa como en verso. Un ejemplo sería el poema “Não sei quem sou, que alma tenho”. Poema que nos da una relevancia en estricto sentido de su pasión solitaria y su quehacer por el otro, es decir, cada uno de sus heterónimos.

Como sabemos, en la creación de sus personalidades poéticas, Pessoa busca, a través de las sensaciones y de la reflexión con alto nivel de conciencia, llegar a la experiencia total del sentir como verdadera experiencia del ser y, por ende, de su creación heteronímica.
Abro un breve espacio para una breve digresión porque considero conveniente hablar sobre el sentir, no sólo en Pessoa, sino en Álvaro de Campos e incluso los otros heterónimos y, además, incluyo al semiheterónimo Bernardo Soares autor de O livro do Desassossego, obras en las que el sentir tiene una presencia innegable. El sentir, desde una perspectiva filosófica, está constituido internamente por la formación de una estructura que conforma la sensibilidad y externamente por la formación de la estructura de la realidad en lo que es. Por lo tanto, la experiencia de la realidad depende de la manera en que es percibida en lo que es y en lo significa para cada sujeto. En el sentir hay una búsqueda en consecuencia directa de una pérdida. En él también se agita lo profundo de toda experiencia existencial que a la postre se intelectualiza. Por eso quizá, el poeta Campos alude constantemente a:
Sentir tudo de todas as maneiras,
ter todas as opiniões,
ser sincero contradizendo-se a cada minuto,
desagradar a si-próprio pela plena liberalidade de espírito,
e amar as coisas como Deus.
En estos versos la propuesta es total. Comienza con verbos de clara provocación reflexiva y de acción que incitan hacia la propia revelación contra su admirado maestro Caeiro, en el sentido de que, para Campos no hay misterio de las cosas. Lo que este poeta propone directamente es: sentir, tener, ser, desagradar y amar, formas verbales que sustentan alejarse del misterio. Son las aristas de un decadente pagano: por un lado, expresa una plena libertad soberana del ser y, por otra, siguiendo a Robert Bréchon, alienta el sensacionismo desde una manifiesta confesión de fracaso. Lo que nos hace observar que el camino a seguir de Álvaro de Campos está en función de un propósito perfectamente diseñado que consiste en vivir la experiencia de la vida desde dentro hacia afuera con todas sus contradicciones, además de que en el sentir el hombre, emerge desde lo más íntimo el ser, la memoria y la conciencia. Así que hay que “Sentirlo todo de todas las maneras”, de un modo profuso y profundamente humano. Es decir, Campos se asume como un ser que transita en el tiempo con todas las imposibilidades de llegar al conocimiento total y aún más, imagina que puede obtenerlo con el apoyo de los otros, esos otros, cuya intención es semejante, aunque vaya en sentido distinto. No necesariamente opuesto, sino con búsqueda de distinta naturaleza en lo perdido. Y justo lo perdido es la identidad, no algo que se extravía, sino una pérdida consciente en la cual la búsqueda es un elemento sustantivo. Aquí es como dejar algo en un cajón y luego suponer que no se encuentra. En efecto, cada uno de los heterónimos tiene algo que ha deseado perder, para de esa manera seguir buscando en el pasado, en la memoria; en el presente, en la visión del mundo que rodea a cada uno; y, en el futuro en la esperanza de llegar a sentir que se ha logrado algo de esa búsqueda ansiosa. Hasta aquí la breve digresión.

20 octubre 22
