Humillados y ofendidos, buena entrada a Dostoyevski.

        “Indudablemente, algún misterio se ocultaba en su alma. Ikmeniev tenía razón: su corazón estaba herido y no curaría nunca, puesto que ella misma se complacía recelando y desconfiando de todos los que la rodeaban. Daba la sensación de gozar con su sufrimiento […]” (362). Esta cita que leí en Humillados ySigueSigue leyendo «Humillados y ofendidos, buena entrada a Dostoyevski.»