XAVIER VILLAURRUTIA, EL POETA Y EL CINE.


Arturo Garmendia

Álvaro Ruiz Abreu lo describe con las siguientes palabras:” Pieza distinguida del grupo Contemporáneos, inteligencia aguda y singular, poeta, traductor, autor teatral de vanguardia, admirador del cine como arte, Xavier Villaurrutia se agranda con el paso del tiempo. Su obra, breve en poesía, se extiende por la cultura mexicana del siglo XX y deja a su paso un aliento de renovación, de confianza en la tarea de la poesía, en el poder de la crítica, que él ejerció con espíritu libre y profundidad. Dramaturgo, poeta, escribió algo parecido a una novela, relatos breves que se acercan al cuento, y crítica en abundancia” No obstante, su trascendencia está asegurada sobre todo por una veintena de poemas nocturnos, “que cuentan entre los mejores que se han escrito en castellano”, al decir de Octavio Paz.
Nació en 1903, en el seno una opulenta familia porfiriana, que alcanzó a asistir al baile conmemorativo del Centenario de la Independencia, en Palacio Nacional. Su abuelo era originario de San Luis Potosí, de oficio corredor de bienes raíces; y su padre operaba una casa de préstamos, denominada Crédito Popular Mexicano, establecida en la Avenida 5 de Mayo. Su madre era hija de Celso González, que poseía terrenos “como de aquí a Cuernavaca”, y era hermana de Abraham González, que llegó a gobernador de Chihuahua en la administración maderista.
Fueron once hermanos, seis hombres y cinco mujeres, que recibieron una esmerada educación. Xavier estudio en el Colegio Francés y posteriormente inició la carrera de abogado, para abandonarla después de dos años de estudios. Algo ha de haber tenido que ver en esta decisión la mella que en la familia hizo el triunfo de la Revolución: la descontrolada emisión de billetes que hicieran las distintas facciones revolucionarias en pugna llevaron a la quiebra a no pocas instituciones bancarias, entre ellas la familiar. Las pérdidas monetarias y las deudas contraídas consumieron todas las casas, los terrenos y las alhajas de la madre, que además había quedado viuda. Lo que quedó, la tierra, fue posteriormente expropiada y repartida por la Revolución. Reducido al rango de estudiante pobre, Villaurrutia ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria en 1917, donde coincidió con quien sería su primer compañero íntimo, Salvador Novo. Con él comparte un proyecto común de amor por las letras y pasión por las formas. Novo recuerda que en esa época pasaba todos los días a buscar a Xavier para ir a la escuela, “Y nos íbamos a pie a la Preparatoria, platicando, enseñándonos nuestros versos, hablando de los libros que estábamos leyendo. El traía una cultura francesa, pues casi digamos que en la sangre”. Por esa época los acompañaba también el futuro pintor Agustín Lazo.
Junto con otros intelectuales mexicanos, Villaurrutia y Novo fundan las revistas Ulises (1927), cuyo nombre es un homenaje de admiración al escritor irlandés James Joyce, y Contemporáneos (1928), que marcó un hito en el panorama de la literatura mexicana al aglutinar a un grupo de poetas comprometidos en una tarea de depuración lingüística y de apertura y renovación del quehacer poético.
En este marco se inscribe la poesía de Villaurrutia, destacadamente con Nostalgia de la muerte, libro publicado en 1933. Aquí el tema de la muerte adquiere una expresión inusitada, al emplear la técnica surrealista de la asociación

El monje blanco, de Julio Bracho (1945), escrita por Villaurrutia, con
María Félix en el papel estelar.

inconsciente de ideas. Su breve obra poética se completa con Reflejos, Nocturnos, Décima muerte y Canto a la primavera y otros poemas.
No debe olvidarse el relevante papel desempeñado por el autor en la renovación de la escena mexicana. En 1935 y 1936, becado por la Fundación Rockefeller, estudió arte dramático en la Universidad de Yale y, ya en su madurez, el poeta se inclinó cada vez más por el teatro, escribiendo obras como Nostalgia de la muerte y La hiedra,  que algunos han comparado con las de Eugene O’Neill. Destacó también como fundador de empresas teatrales, entre ellas el Teatro de Ulises y el Teatro de Orientación que, por su carácter experimental, tuvieron una indiscutible importancia en el desarrollo del teatro vanguardista mexicano. Posteriormente se encargó de dirigir la sección teatral del Departamento de Bellas Artes.
En estas andanzas teatrales le acompañó Agustín Lazo, que había regresado de Europa. De la mano de Villaurrutia, de quien se convirtió en compañero, se incorporó al «Grupo sin Grupo» de los Contemporáneos y, junto con ellos, colaboró en distintas empresas: realizó la escenografía y el vestuario de la mayor parte de las producciones del Teatro Orientación (1932–1934) y de algunas del Teatro de la Universidad (1936) y de Bellas Artes. Asimismo, diseñó la portada de El Hijo Pródigo, revista en la que se dedicó a la crítica de arte. Junto con Villaurrutia compartió no sólo un estudio sino una serie de proyectos, como la traducción directa de obras de autores italianos y franceses, muchas de las cuales aún permanecen inéditas, y la realización de una ópera.
Agustín Lazo, a pesar de su escasa obra dramática, participó activamente en la creación del teatro experimental en México, principalmente como escenógrafo y diseñador del vestuario, que dio un sello característico a las producciones del Teatro Orientación. Su primera obra, Segundo Imperio, que se inicia a bordo de la fragata «Novara» y concluye con el regreso de Carlota a Europa, aborda desde una perspectiva humana la tragedia de los emperadores que, aunque bien intencionados, sólo fueron «piezas de ajedrez» movidas por los intereses extranjeros. La huella, estrenada durante la Primera temporada de teatro mexicano de Bellas Artes, se ocupa de un conflicto amoroso ocasionado por las costumbres sociales y la diferencia de edad, en vísperas de la Revolución. En El caso de don Juan Manuel da una interpretación sicológica a la leyenda colonial: el latente y obsesivo temor del personaje de cometer un incesto es la causa de sus asesinatos.
Desde la fundación de la revista Hoy (1937) y hasta 1941 Xavier Villaurrutia colaboró en ella como crítico de cine, con la columna Crítica cinematográfica, que también aparece bajo el nombre de Películas de actualidad. Paso inmediatamente a la revista Así, donde escribió reseñas cinematográficas hasta 1943. De su tránsito por esta actividad dejó la siguiente constancia:
“Durante cinco años ejercí la crítica cinematográfica en la revista Hoy y en la revista Así. Por lo que toca a la producción nacional, nunca pasé por alto los defectos más evidentes de nuestros filmes. Me proponía con ello enfatizarlos a los ojos de directores y actores. La crítica es una forma de ayudar a ver al espectador, pero también implica un deseo de corregir las fallas de los diversos elementos que entran en juego en la realización de una película. Recuerdo que no perdí ocasión de pedir buenos argumentos para los filmes mexicanos, y mejor presentación de ellos. En estos dos capítulos, al menos, creo que se ha logrado bastante, aunque todavía no todo lo deseable, en nuestra industria… La crítica debe ser, resumiendo, clara y objetiva. El crítico no debe cohibirse a la hora de expresar su verdadero sentir ante aquello que juzga. No importa que a veces –como sucede en el caso de la valoración de filmes mexicanos- se llegue a acusar al crítico de traidor a la patria”.
Fue un entusiasta promotor de la creación de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, que premiaría anualmente lo mejor de la producción nacional con el trofeo Ariel.
En 1935 Agustín J. Fink lo convenció de pasar a la redacción de guiones cinematográficos, siendo el primero de ellos la adaptación al cine de la novela de Rafael F. Muñoz ¡Vámonos con Pancho Villa!, un trabajo excelente lo mismo que la obra a que dio lugar. Vendrían a continuación otras quince películas, muchas de encargo y sin mayor relieve. Destacan entre ellas la mencionada, y las cuatro que hiciera en colaboración con Julio Bracho, particularmente Distinto amanecer  1943).
Xavier Villaurrutia murió, por mano propia, la navidad de 1950, a los 47 años. Su deudo, Agustín Lazo, a partir de esa fecha dejó de pintar.

NOCTURNO DE LA ESTATUA

Agustín Lazo: El examen. Es considerado el primer surrealista mexicano.

Xavier Villaurrutia. Nocturno de la estatua.


Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista
y jugar con las fichas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: «estoy muerta de sueño».
Arturo Garmendia. Variación 1

Escuchar a lo lejos un grito y luego sólo un eco,
Correr hacia la estatua y encontrarla dormida.
Buscar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre, envolverla en su sombra,
e intentar despertarla hasta oírla decir:
“Estoy muerta de sueño;
quiero soñar la noche, la calle, la escalera,
descender al abismo oculto tras el muro”.
Es como una hermana imprevista
que juega cien veces, cien cien veces
con las fichas de sus dedos
pálidos, desollados, privados de destino.

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