Exhortación a la filosofía
Como de nuestras posesiones, después de los dioses, el alma es lo más divino y lo más propio, y todo lo nuestro es, para todos, doble: lo superior y mejor es dominante, y lo inferior y menos bueno es siervo. Hay que preferir, por tanto, lo que es dominante, a lo sirviente. De la misma manera, por tanto, hay que preferir el alma, después de los dioses, a todo lo demás. Le da honra, no quien la hace menos buena a costa de lo mejor, ni el que la cubre de males y de arrepentimiento, ni el que huye de los esfuerzos laudables, de los miedos, de los dolores y de los sufrimientos (pues ese la hace deshonrosa); ni el que huye de la muerte (pues ese estaría en contra de la liberación del cuerpo y de la vida del alma en si misma), ni el que prefiere la belleza o la riqueza a la virtud (pues así declara que el alma superior es inferior a lo menos bueno).

Así pues, la única forma de honrar al alma será la vida según la recta razón; su perfección según el intelecto; su asimilación a los paradigmas óptimos; la subordinación de lo menos bueno, es decir, de todo lo que puede mejorarse, a lo más bueno; el huir de lo malo; el perseguir y capturar lo óptimo de todo, y, habiéndolo capturado, hacer que el resto de la vida transcurra armoniosamente con ello. Esto no es otra cosa sino filosofar como se debe; de manera que los que quieren ser felices de todos modos tienen que filosofar.
