Salvador Elizondo.

Las condiciones por las cuales se cumple la poesía son exactamente las mismas por las que se cumple la prosa. Sólo que tipográficamente están dispuestas de otra manera. Esa es una pregunta fundamental para mi porque justamente he estado estudiando ese problema, no encuentro que haya ora distinción que no sea de acuerdo a esquemas mentales de tipo geométrico. El poema se desarrolla sobre una superficie cuadriculada en las que coinciden las columnas, hablando mental y no tipográficamente; hay una composición de sonidos que se desarrollan sobre un espacio dividido en compases, como la música. Mientras, la prosa se desarrolla sobre un espacio  simplemente rayado es decir que el pensamiento sigue una continuidad lineal, pero en la que inevitablemente se cae siempre en una medida rítmica que determina el estilo, no solamente de la prosa sino también ciertos compases. Ahora que estoy leyendo por tercera vez el Finnegans Wake de James Joyce, me doy cuenta que si uno hace rayas cada tanto tiempo sobre el espacio lineal que está escrito en prosa, se obtienen ciertas medidas de las clausúlas que lo forman, que están divididas de tal manera que formarían un poema porque el ritmo es inevitable tanto en la prosa como en la poesía.

(fragmento de la entrevista de Pilar Jiménez Trejo a Salvador Elizondo en la revista Tierra Adentro, diciembre de 1965 – enero de 1966).

Aniversario del natalicio de Salvador Elizondo (19 de diciembre de 1932 – 29 de marzo de 2006, ciudad de México).





Réquiem De Junio

(Fragmentos)

V

Los Dioses me son desconocidos;

sólo sé que los ángeles están presentes

para dar testimonio de la obra de los dioses.

En el florecimiento de la rosa

y en su muerte;

en el advenimiento de la palabra

y en el silencio inerte;

en el curso del tiempo

ante los ojos sorprendidos;

en el azoro de las aves

que anidan en las grietas de las ruinas

y en su vuelo;

en la desdibujada silueta del viandante

que nos reclama el vino en la mitad del sueño;

y en la muerte

que deja la palabra suspendida,

el vuelo, trunco,

la frase sin sentido…

En todo ello

Están.

VIII

El Tiempo Y El Cadáver

se encontrarán en el espejo.

No digas las palabras

que aprendiste a lo lejos.

Un ángel, mientras duermes,

te ronda con su nube de silencio

y el gato se distiende en tu regazo

como un oscuro y palpitante sexo.

Si aprendes a leer

la palma de tu mano,

podrás imaginarte asesina

sobre un tablero de ajedrez,

pero no sabrás qué decir

cuando te hiera la rosa

y brote de tu dedo

la sangre jubilosa.

Ten presente esto:

la muerte es imprecisa como el gozo.

No repitas tu nombre cerca de la columna.

Ven:

desandemos el camino de la noche;

así confundiremos las etapas.

Llegaremos al puerto en la mañana

y luego navegaremos

sin saber a dónde.

Ven,

caminemos bajo un cielo de junio.

Adviento

Los sueños no resuelven los enigmas del mar.

Los marineros aprendieron a olvidar

indiferentemente;

por eso cuando juegan a los dados

en el muelle, cuando termina el día,

sueñan en una nueva nave

y en una nueva travesía.

Si el tiempo, como dicen, fuera la esencia del sueño

y en él los marineros se movieran

a través de los días y las noches cuadradas,

a través de las buenas y malas intenciones

de un enemigo incierto

-más precavido, aunque menos expertocruzarían el tablero

temerosos del destino inseguro de las piezas

y llegarían al fin de la partida

como se llega al fin de la jornada:

esto es, sin esperanza.

Por eso en la noche,

cuando el tiempo es más torpe, pero más evidente,

la rosa pierde un grado

de su significado

y medra en la penumbra que ciñe los tibores

como un pájaro helado

congelado su vuelo en la frialdad del sueño.

Y el tiempo, bienhechor de mendigos,

propiciador de los que entienden del mercado de cambios,

pierde la concreción de su sabiduría

en los meandros de la geometría.

Los relojes se paran de improviso

desorientados en la medianoche

por algo

que hace un momento

definitivamente

no existía.

Crimen

Te reconocerán los asesinos

cuando cruce tu rostro el umbral del espejo.

Entonces olvidarás las letras de mi nombre.

Sí; la noche es como un mar.

Las palabras que digas

cuando roce tu cuerpo la mano del extraño

se quedarán girando en el florero.

Ten cuidado de llevar los dedos en cruz

cuando ruede tu cuerpo los peldaños.

Al alba, desde el puente, te miraré pasar

y cruzaré las mismas calles que cruzaste

tratando de olvidar.

Los espejos entonces

reflejarán mis ojos como si fueran de otro

y otra vez por la puerta insegura

se meterá en la casa la noche como un mar.

El Tigre

A M.

Tyger, Tyger, burning bright

In the forests of the night…

-¿Te acuerdas de Richter?, dijo

mientras tenía la rosa por el talle.

Después las campanadas del reloj lo turbaron

y se quedó en la noche

fotográficamente eternizado

mientras el viejo tigre acechaba en el quicio de la puerta.

Los que cruzan la calle a través de la niebla,

los que cuentan las horas en las plazas desiertas,

los que van al concierto,

los que dicen el nombre de la Virgen María,

los que se quedan quietos

viendo viajar la sombra a lo largo del muro,

los que evocan a Richter,

saben que el río es más lento y más ficticio

que la quietud del tigre contra el quicio.

Él estaba sentado en el borde inseguro

recordando una a una

las fases de la luna

hasta que el viejo tigre le dio la dentellada

-oyó crujir las ramas de la selva-;

y se cayó de bruces en la noche estrellada.


	

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