Con en esta entrevista, realizada por Luis Tizcareño y Martha Lorena Botello y publicada en febrero de 1999 en la revista Planos Descritura, Año V, número 12, recordamos a Ricardo Garibay, (1923-1999), cuando se cumplen 98 años de su natalicio.
“Libros nuevos y viejos llegan a las manos. Y como en eso se va yendo la mitad de la vida, no queda más remedio…bueno remedio…que hablar de eso”
En principio, le agradecemos el hecho de permitirnos hacerle esta entrevista.
LT- ¿Cuál fue su experiencia con el grupo Hiperión?
RG- No fue muy honda. Yo era, digamos, agregado literario en ese grupo. Yo no participaba de los estudios ni de las preocupaciones; todos eran mis amigos, yo estaba enterado de lo que se hacía, claro, pero no estudiaba esas materias, yo estaba en la literatura; ellos hacían filosofía. Y en ese momento era Heidegger y Jean Paul-Sartré los dos principales a los que acudían y que ellos conocían bien, los respetaba yo, los quería, pero mi camino era otro.
MLB- ¿Tiene algún recuerdo grato de su participación en producciones cinematográficas?
RG-No. Ninguno. El cine era una cloaca cuando yo estuve ahí, del 50 al año del no sé qué, talvez 80; treinta, treinta y cinco años, donde quien mandaba era el productor que es el del dinero; después del productor las estrellas (vamos a subrayar lo de estrellas), luego el director y luego todo mundo. Nunca pude lograr que se filmara una línea mía que yo la había escrito, había que corregir todo al gusto de estas gentes y estas gentes, ya lo sabemos, productores, actores, actrices, directores, son casi analfabetas; saben poco, muy poco de todo, son de sensibilidad roma o brutal; no había manera de ponerse de acuerdo. La experiencia para mí fue muy ingrata; además uno llega a sentirse prisionero porque es el medio de vivir y ellos ponen el precio y la manera de pagarlo. Ingrato, mísero, todo eso.
MLB- ¿Ninguno de sus guiones se respetó?
RG- No, que va. Lo que más se respetó fue lo que se llamó “Los hermanos del hierro”, de donde saqué muchos años después la novela “Par de reyes”, allí el director de la película me permitió dirigir a los actores; con esto, mi intervención fue más viva que en las otras películas y pude vigilar que se respetara el guion hasta donde esto era posible. Es una industria para sacar centavos de la taquilla mexicana; ni siquiera gran dinero, ganan mucho pero centaveando, esto es lo dramático; no sé hoy. Hoy no veo cine. Desde hace unos quince años no tengo ya nada que ver con la osa del cine. Y para televisión he participado solitariamente como promotor cultural, nada más.
LT- ¿Qué le ha permitido descubrir la literatura, en el fondo de lo que usted llama el misterio de la vida?
RG- Mi oficio, el oficio mismo, digamos. El pasar la vida metido en la literatura y sobre todo, e la que yo hago; como decía Alfonso Reyes: “no hable de la literatura –me lo decía a mí- ésa está en cualquier texto. Hable de su literatura, de la que usted hace; es la que lo hace vivir”, a eso me estoy refiriendo.
MLB- De los 58 libros que ha escrito ¿hay algún asunto técnico que lo siga obsesionado?
RG- No, no. Nunca me ha obsesionado ningún asunto técnico. Mire, la idea cuaja dentro y uno la escribe, la técnica ¿a quién le puede importar?
MLB- Se ha dicho que usted maneja maravillosamente los diálogos, ha sido algo en lo que se ha insistido mucho.
RG- Eso es tener orejas y nada más; la literatura es orejas, no ojos. Si usted tiene orejas al oír los diálogos, los lleva al papel y se acabó el conflicto. Nada más y ya.
LT- ¿De qué manera ha podido penetrar en el alma femenina para la reación de sus personajes literarios?
RG- Tratando a las mujeres, claro, amándolas, anhelándolas, fracasando ante ellas, claro; así es como se aprende.
MLB- Por ejemplo, en “Verde Maira”, el personaje femenino a veces se muestra demasiado osado en mi opinión y que tiene aspectos creados por el autor.
RG- No, no. Todo es tomado de lo que veo, oigo, entiendo y hablo; no hay ningún invento. Las mujeres…trata a los jóvenes de hoy y a ver si no son asó o mucho más audaces aún hoy; esta es una mujer de hace veinte años, tengo entendido, algo así, bueno ya las jovencitas de catorce o quince años de hoy se reirían de las audacias de mis personajes.
…La literatura sabe más que la filosofía. Porque la literatura no piensa, ve; no se equivoca, ve; no juzga, ve; y califica sólo a la manera del canto de los bienaventurados.
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LT-En una entrevista comentó que sus amigos eran, algunas veces, personajes de sus novelas, ¿qué característica debe tener personas que lo rodean para que se conviertan en personajes literarios?
RG- Las que tengan. De repente me parece bien meter al personaje fulano que es una persona viva, a la que conozco y trato como personaje y lo hago según las características de la persona, no le invento nada al personaje. Tampoco a la historia del personaje. En lo último que se ha publicado que se llama “Lya y Lourdes” está el pintor Leonel Maciel tal como es en la vida real y que es enojó porque dice que ése no es él, que ese soy yo él y bueno, se enojó pero ahí está.
LT- Beber un cáliz y Fiera infancia se relacionan con usted y su padre, ¿cómo le ha ayudado la literatura a salir de estor recuerdos?
RG- Así, escribiendo yo esos libros, dolorosamente, llorosamente, desgarradamente. Las memorias de mi infancia no son felices, no pueden serlo, cuando el padre ha sido como una loza sobre el corazón, mi padre no puede ser visto como papá fulano, bondadoso, que iba y venía atendiendo a sus niños, no, se pinta tal cual es y la literatura ayuda a pintar, claro.
LT- De alguna manera, alguna vez mencionó que con sus hermanas había un trato diferente.
RG- Si, a mis hermanas las quería mucho y a mi hermano y a mí nos detestaba, sobre todo a mí; el odiaba a los hombres y amaba mucho a las mujeres. Acaso de ahí me viene a mí más o menos lo mismo.
MLB- El tema del amor lo ha obsesionado de distintas maneras a lo largo de sus libros ¿cómo se han descubierto para usted los velos que va tomando el amor?
RG- Como para cualquier hombre. Se viene viviendo y se viene conociendo la vida, uno en eso conociendo a las mujeres advierte las muchas facetas que tiene una mujer, uno toma una de esas facetas y dócilmente o fielmente se apega a ella.
LT- En el libro “Cómo se pasa a vida” usted menciona el modo de existir, por ejemplo de Goethe, ¿cuál es el modo de existir suyo?
RG- Ah, muy torpe, muy lleno de miedos, muy lleno de audacias raramente cumplidas, con una única pasión: la literatura: mi literatura, mi oficio.
MLB- ¿Cuál es su miedo más grande?
RG- La muerte.
LT- Si tiene miedo a la muerte, ¿también tiene miedo a la vida?
RG- Probablemente sí, probablemente, aunque he sido bastante audaz en la vida, no lo he sido ante la perspectiva de a muerte.
“No imagino todavía a una mujer como quieren verse y ser vitas las de hoy”
MLB- Ahora se encuentra dando un curso a partir de la lectura del “Cantar de los cantares”, ¿por qué enseñar esta obra en particular?
RG- Porque es el amor por excelencia, es el ejemplo de la literatura amorosa, acaso el más elevado que ha dado el mundo, por eso lo hago.
LT- ¿”El cantar de los cantares” le ha conducido a profundizar en la fe?
RG- Al contrario, al contrario. Ya, ya.
LT- usted dice que ya no puede asegurar nada, ¿a qué se refiere?
RG-A que ya todo lo contesto diciendo probablemente sea así, quizás, acaso, tal vez, ya no me atrevo a afirmar nada de modo categórico; lo que sé ya lo sé, creo que bien, y a partir de ahí sé que ignoro una infinidad de cosas; por eso ya sin énfasis sino tentaleantemente, pidiendo de antemano perdón porque probablemente, tal vez, acaso, quizás me equivoque.
MLB- ¿Qué es lo que considera ordinariez en la condición humana?
RG- El grosor, el espíritu tosco, burdo o no cultivado, el alma popular, en el hombre que se ostenta no cultivado sino de selección. Bien está el pueblo donde está; todos los pueblos de la tierra son igualmente inocentes, igualmente barbaros, igualmente brutos; todos son igualmente geniales; pero uno es venir a allí y otro es mantenerse en ese estado, porque la cultura, bien mirado, sólo es lo que se lee, lo que se haya tenido la oportunidad o gana de leer, nada más; si me arrimo a lo que han pensado hombres mejores que yo en el curso de la historia, yo crezco y si no, me mantengo a la altura del admirable nivel popular donde todo mundo quiere estar sin ver, sin reconocer, que ahí es donde se da la ordinariez, el grosor del alma, la estulticia, la ignorancia.
…el escritor no es un “desaliñado desdén varonil” por su literatura, pero tampoco es solamente devoción por su literatura
LT- Ustedes ha dedicado toda su vida a leer y a escribir, ¿esto le ha pesado, lo ha amargado?
RG- ¡Que va! Esto me ha hecho feliz.
MLB- Entonces, en la entrevista que le hizo Gabriel Santander para Canal 11, donde usted respondió que se encontraba ya muy cerca de la felicidad, ¿se refería a esto?
RG- No, no podría decir esto, qué audaz fui porque la felicidad e prácticamente imposible. Es la suma de movimientos alegres, esta suma de alegrías se interrumpe con frecuencia, no logran cuajar lo que es la felicidad, que es la alegría permanente; esto no lo he vivido ni conozco a nadie que lo haya vivido nunca.
MLB- ¿Tiene que ver con la inocencia?
RG- No, no, absolutamente. Mire, la inocencia lo único que produce es dolor; no hay edad más desgarrada, más sufrida o más jodida que la infancia. Nada tiene que ver con la inocencia. Ya.
LT- Esto que usted habla sobre la imposibilidad de la felicidad, ¿le ha hecho insoportable la vida?
RG- No, no me la ha hecho placentera; a mí me gusta mucho vivir. Ahora, que se vive un poco con la desdicha habitual con que se vive en México, es así y así ha sido pero ni modo, hemos sido mucho más educados para el dolor que para la felicidad y eso lo hemos asumido alegremente, vea al Papa que acaba de venir, lo que más conmovió a la gente fue la visita al hospital donde estaban los desventurados, los enfermos desahuciados, fue lo que más conmovió; esta hecho a eso, a la contemplación del dolor y a la asunción del dolor no de la felicidad.
MLB- El tema central de “Beber un cáliz” es sobre su padre y el dolor.
RG- El tema principal de “Beber un cáliz” es la muerte de mi padre y cierto orgullo de padecer ese dolor.
“No puedo darme a escribir una historia de amor, sin asomar siquiera las narices a los lodazales de nuestra cosa pública, al atraso de nuestro pueblo, al cinismo de nuestras élites”
MLB- De los 3000 mil libros aproximadamente, que nos comentó haber leído a lo largo de su vida, hizo una lista de diez hace tiempo que mencionó eran sus predilectos, ¿ahora podría agregar algunos más?
RG- no me acuerdo allá que dije.
MLB- Mencionó a Hemingway, Italo Calvino y a Borges, entre otros.
RG- A Hemingway ¡imagínese! Al idiota de Hemingway, tal vez por “El viejo y el mar”, y nada más, digo dos, tres o cuatro cuentos de la primera juventud de Hemingway donde realmente era un escritor, no después con esa comercialidad tan abusiva y tan habilidosa para hacerse vagabundo del mundo todo y millonario- Pero ya no me importa, ya no diría yo la necesaridad o excelencia superior de ningún libro; hay que arrimarse y arrimarse a todo lo que va llegando. En is lecturas no recurro a nada, puedo leer a Auden, a Yehudah Helevi, puedo leer a Sabines o a Paz, a un poeta muy antiguo, Catulo, por ejemplo, el gozo es igual.
LT- ¿Qué poetas lee?
RG- A todos. A lo que cae, a lo que llega.
MLB- ¿Cuál es su opinión sobre la literatura actual de México?
RG- No tengo idea. No la conozco. Hay muchos jóvenes que están escribiendo, no sé quienes sean. No, desgraciadamente no leo a los escritores jóvenes, hago mal probablemente, pero uno hojea un libro y se siente una pérdida de tiempo enorme, falta de madurez, falta asentamiento, falta cordura en el uso de las palabras, falta verdadera audacia con el uso de las palabras, falta humildad profunda; se debe ser arrogante ante los demás y humilde ante el propio oficio.
MLB- Usted es uno de los escritores más leídos, ¿qué opina de la falta de lectores?
RG- Bueno, mire usted, lo que pasa es lo siguiente: cuando era yo joven subía al tranvía y si veía allá, has atrás a un hombre agachado leyendo un libro, era un amigo indudablemente; éramos cien, digamos; hoy es probable que seamos diez mil los que estamos escribiendo, todavía es muy poco, en Estados Unidos podemos pensar que hay un millón de gentes que escriben, Japón, Francia, España, Inglaterra, Alemania, Italia, son miríadas los hombres que están escribiendo, y las mujeres por supuesto; y más aún las mujeres. Aquí en mi juventud éramos cien cuando mucho, estábamos en todos los lugares todos juntos, ahora hay muchos más porque la población es inmensa, hay dieciocho de millones de personas en el Distrito Federal, sólo allí; y los libros cuando no son como yo, ya leídos los autores, pues se editan cinco mil ejemplares para dieciocho, o para noventa y tres millones que hay en la República. En Japón, de un libro de poesía de un joven desconocido se editan tentativamente cincuenta mil ejemplares, si pega, el siguiente tiraje es de seiscientos mil; ésa es la distancia, que es inmensa.
…quiénes son los tres más grandes hombres de Hidalgo? Contesta el segundo: …Bueno, uno de ellos es don Felipe Ángeles…
LT- ¿Podría hablarnos de sus amistades y enemistades literarias?
RG- Mis enemistades literarias: casi todos los que escriben en México, que yo he conseguido por insensato. Mis amistades literarias: creo que ninguna. Procuro, en cada mujer con que me encuentro o que conozco, hacerla un interlocutor que se interese por la literatura y por mi literatura, y hasta ahí llego. No busco hombres o a hombres.
MLB- ¿Ésta ha sido también, su experiencia en la política?
RG- Pésima, pésima. Un escritor en la política es como un clown, un pequeño payaso al que se puede oír pero no se puede hacer nunca lo que aconseja. He sido asesor de varios, de muchos gobernadores y nunca me han hecho caso en nada; he estado cerca de tres presidentes de la República, nunca me hicieron caso en nada, en nada; además, no tienen por qué hacer caso, ellos hablan a gritos y con mentiras y yo procuro bajar la voz y decir la verdad; entonces, no hay manera de entenderse.
LT- ¿Esto le trajo problemas con ellos?
RG- No, no. Me encargaban trabajos, me pagaban aprisa; no, al contrario, me ayudaron, pero de ahí a que hubiera un diálogo…un abismo. No.
MLB- ¿Cuál ha sido su relación con Hidalgo y que piensa del desarrollo cultural de esta entidad?
RG- Primero: el desarrollo cultural es igual casi a cero. Segundo: mi contacto ha sido que le pusieron mi nombre a una calle de Tulancingo y la Casa de la Cultura también, lleva mi nombre. Un amor muy grande porque ahí fueron felices mis padres; entonces pisaba yo, casi con devoción, la tierra de Hidalgo. Estuve yendo un año a hacer programas de televisión; no tuve, ni con mucho, el éxito que yo esperaba tener, no desperté con nada la curiosidad, la atención o el cariño de la gente. Entonces me queda a mí una pequeña exclamación que ruego que transfieran tal como la digo: ¡ME LLEVA EL CARAJO!
…la injuria, como intelectualización, como verbalización de la agresividad, del odio, participa de la insaciabilidad de éste, que vive en nosotros condenado a no darse por satisfecho jamás…(…) Lo contrario es la bendición…piénsese…, que se satisface de una sola vez y hasta con una sola sílaba y lo mismo el amor, que encuentra entre los amantes una cima, un momento perfecto de imperecedera plenitud
MLB- ¿Cree usted que de los talleres literarios surjan escritores?
RG- Es posible, es posible…Ahí lo dejo.
MLB- ¿Y de las universidades?
RG- Es posible.
MLB- ¿Cree que el escritor nace?
RG- Si, hay algo de eso. Uno es el profesor y el otro es el escritor, el escritor habitualmente no sabe nada de nada; e un examen de escuela primaria reprobaríamos a Lope de Vega o a Borges; el escritor es otra cosa: vive, siente en las manos la vida, sufre y goza; la sensibilidad, el corazón del escritor, su posible inteligencia es lo que cuenta, su amor a las palabras, eso no se aprende.
MLB- ¿En usted hay algún afán de trascendencia?
RG- Por supuesto, en todos. Si se es un escritor, se escribe para ser leído. Yo conozco a un desaventurado que tiene ocho o nueve libros escritos y no ha publicado una línea, eso es un desventurado. Se escribe para ser leído, se anhela a los lectores, son los interlocutores, se anhela trascender, si, se anhela; si se consigue, esto es otra cosa.
“…La obra de arte es un hecho. La obra de arte es un hecho, irrepetible, irrepetible, irrefutable. La obra de arte es el único hecho cierto en el contexto del mundo”
LT- ¿De ahí que usted habla de la necesidad de conocer y vivir el lenguaje a profundidad?
RG-De vivirlo a profundidad, de darlo a profundidad. Conocerlo es difícil, los profesores son los que conocen esto, yo no; tampoco me importa mucho. Recuerde que se aprende a hablar en la calle, en la casa y así se aprende a leer y a escribir; nadie aprende desde las etimologías a usar ni a amar el lenguaje. Amo el lenguaje porque es la expresión de mi humanidad, la única que tengo y amo el lenguaje de los demás porque ahí los demás me dan u humanidad, nada más.
MLB- ¿por eso dice que la palabra es lo más importante?
RG- Es lo fundamental; es lo único que tenemos como patrimonio de humanidad.
LT- ¿Qué le hereda usted a la literatura mexicana?
RG- No sé, no tengo idea; tampoco me empeño, no me he muerto. Todavía espero escribir una obra maestra. Son cincuenta y tantos libros, no sé, no lego nada; que me lea quien quiera y tendrá mi profunda gratitud. Ya. (Risas) ¡Ya!
Agradecemos profundamente a Garibay esta entrevista y damos un sentido pésame a las autoridades culturales del Estado de Hidalgo que, como siempre, se han visto impotentes y nulas ante la necesidad de conversar a los creadores artísticos hidalguense en esta entidad. Bendito sea Dios que el Distrito Federal se encuentra casi a la vuelta de la esquina. También a nosotros: ¡Nos lleva el carajo!
