“Indudablemente, algún misterio se ocultaba en su alma. Ikmeniev tenía razón: su corazón estaba herido y no curaría nunca, puesto que ella misma se complacía recelando y desconfiando de todos los que la rodeaban. Daba la sensación de gozar con su sufrimiento […]” (362). Esta cita que leí en Humillados y ofendidos y que se refiere a Nelly, la niña huérfana rescatada por Vania de la vida de prostitución que le esperaba, me ayudó a, tal vez, comprender a un amigo indescifrable, un ser talentoso y noble que, sin embargo, parece gozar al destruir sus relaciones sociales.
Aunque esta novela de Fëdor Dostoyevski (Moscú, 1821-San Petersburgo, 1881) no es la primera suya que termino de leer, antes concluí El doble, sí es la primera que pudo mostrarme la forma en que el dolor de una persona la lleva a comportarse de manera extraña. Mas Humillados y ofendidos me cautivó antes de mi encuentro con la cita anterior por una simpleza: la facilidad de leer los nombres de sus personajes. Azor, el perro que muere en una confitería y cuyo deceso
asombra, por lo inesperado, y anuncia el fallecimiento de su dueño minutos después; el anciano que despertará la curiosidad de Vania, el narrador-personaje, escritor pobre y enfermizo que lo sigue y lo ve morir, hecho que le cambiará la vida; y, por supuesto, Nelly.

Amén de éstos, aparecen otros nombres sencillos: Nicolás, el hacendado de pueblo que cuidó a Vania durante su infancia y que fue arruinado por el príncipe; Ana, la esposa del ofendido; Natacha, hija de éstos, quien se casa con el hijo del príncipe Alejo que arruinó a su padre; Alejo, el príncipe y el personaje más vil del relato, pues abandona a la madre de Nelly y hunde, sin razón, a Nicolás; y Aliocha, el incauto hijo de Alejo, que deja a su pareja, Natacha, para vivir con una joven más rica, a causa de la manipulación de su padre. Además, Humillados y ofendidos me atrapó por la perspectiva con que Dostoyevski muestra a los personajes, tanto a los miserables como a los acaudalados, ya que el narrador ve con mejores ojos a Vania, Nicolás, Natacha y Nelly y a su destino funesto, que a Alejo y Aliocha, con todo y su vida de opulencia. A éstos los animaliza, mientras que a aquellos los dota de dignidad.
Por los nombres sencillos, por la visión empática para con los perdedores, por la narrativa en espejo (lo que vive Natacha con Aliocha es reflejo de lo que experimentó la madre de Nelly con el príncipe Alejo), y por su capacidad para interesar al lector y comunicar parte del sufrimiento que ha habido en el mundo (recordemos la vida atormentada de su autor: pobreza, trabajos forzados, epilepsia y muerte temprana de seres queridos), Humillados y ofendidos es un libro adecuado para conocer al genio ruso.
Alejandro Silva Solís
